Parpadeé confusa, sin saber qué hacer, ya que nunca me había indicado que me contuviera, no así, no con tanta furia…
―No quiero que te corras ―siseó en un imperativo que me cortó el aliento―. No lo vas a hacer. No de esa manera ―acortó y una sonrisa siniestra se formó en sus labios, una sonrisa que me puso nerviosa, porque sabía lo que significaba, lo que vendría a continuación.
Un corrientazo eléctrico espoleó mi sistema y tuve que inspirar hondo para no seguir tocándome, atenta a lo que salió