Los tenía llenos, al punto en el que comencé a lactar sin necesidad de apretarme los pezones. Llevaba bastantes horas sin desahogarme ni un poco, y eso me estaba estresando.
Llevé las manos a mis senos colmados de dulce néctar y los pesé, quitando parte de la presión a mi espalda. Mis dedos recorrieron las areolas achocolatadas, las tenía pequeñas, circulares y se desvanecían en los bordes, los pezones erguidos llamaron mi atención y dos gotas de diferentes tamaños se posicionaron en las cumbre