―No puedes asegurar tal cosa ―dije más decidida a no caer en su juego, no quería enredarme con sus palabras, porque al final, Aiden era una copia de mi marido, por lo tanto, pese al respeto que le tenía, debía admitir que me parecía atractivo, que la primera vez que lo vi, cuando me abrió la puerta de la casa de los abuelos de Daniel, casi me echo sobre sus brazos y lo beso, por suerte, vi sus pocas canas, sus ojos celestes y la ligera arruga en su frente antes de hacerlo y quedar como una perv