El aire acondicionado de la suite hospitalaria zumbaba, un sonido estéril que Dante ya no soportaba más. Habían pasado apenas unas semanas desde el atentado, y aunque su cuerpo pedía tregua, su mente ya estaba fuera de esas paredes blancas. Él no era un hombre que aceptaba cuidados; él era el hombre que dictaba el orden del caos.
—Señor, los médicos insisten en que su nivel de hemoglobina es crítico —murmuró Marcus, parado junto al ventanal, observando el despliegue de seguridad en la entrada