El silencio de Sanctuary después de la cena no era paz; era una sentencia. Dante la había dejado encerrada tras el incidente con la abuela, y las paredes de la suite parecían cerrarse sobre ella como las mandíbulas de un animal prehistórico. Elara estaba sola con sus pensamientos, y esos pensamientos eran más peligrosos que cualquier guardia apostado en la puerta.
Se miró al espejo, el mismo que Dante usaba para buscar a Camila en sus rasgos. Se odió. Odió la suavidad de su piel, la forma de