La madrugada había caído silenciosamente sobre Nueva York, pero en el interior de Alexander, una tormenta rugía con fuerza. No había regresado a casa después de su última conversación con Aurora; en cambio, se quedó en el pequeño despacho del hospital, revisando documentos, redactando informes y sobre todo, buscando alguna manera de racionalizar lo que estaba sintiendo.
El sonido de la ciudad se deslizaba a través de la ventana semiabierta, pero no lograba distraerlo del conflicto que latía en