La tensión en Alexander era tan densa que parecía invadir el aire a su alrededor. Cada segundo que pasaba sin encontrar a Ricardo hacía que la presión aumentara. La desesperación solo se intensificaba al ver a Aurora, cuyo cuerpo vulnerable mostraba signos de fiebre que no parecían ceder.
—¿Dónde está la maldita ambulancia? —tronó con un tono que hacía temblar incluso al más curtido de sus hombres. La impaciencia vibraba en cada palabra—. ¡Es para hoy, no para mañana, joder! —continuó en un gri