Alessandro dejó la biblioteca asegurándose de que el cerrojo encajara. Escuchó un eco sordo proveniente de las paredes del ala antigua, pero no le dio importancia; sus hombres estaban armados y vigilando cada esquina. Daryel no iría a ningún lado.
Al llegar al salón principal, una criada le ofreció una copa de brandy. Alessandro la tomó y caminó hacia el ventanal. Sus ojos avellana se clavaron en Sofía Metaxis, quien permanecía sentada a la distancia.
La chica era la contradicción perfecta d