Mi decisión era firme: aceptaría el juego de Alessandro, usaría la adicción carnal como un arma de doble filo y mantendría el secreto de nuestra noche a toda costa. Pero el primer paso estratégico, el más urgente, era neutralizar la tensión con Sofía.
Salí de mi habitación y fui en busca de mi hermana. La encontré en el salón principal, un espacio inundado de luz matutina que ahora me parecía el escenario perfecto para una sesión de crueldad psicológica. Sofía estaba envuelta en una manta, con