Entré en mi habitación cerrando la puerta con una cautela innecesaria, como si temiera que el eco de mi derrota pudiera alertar a toda la mansión. Acababa de aceptar las condiciones. Acababa de convertirme en la amante secreta de mi captor, la "adquisición" que él poseía entre las sombras. La única regla para sobrevivir de ahora en adelante era la discreción absoluta.
Pero el precio era infinitamente más alto de lo que mi mente calculadora había previsto.
Me apoyé contra la madera, sintiendo