Capítulo 25
Una vena se marca peligrosamente en su cuello.
—Lo conozco.
Se tambalea.
—Pero no recuerdo por qué.
Un gemido áspero escapa de su garganta.
—No puedo recordarlo.
—Dios, Dante... —Francesca se gira de inmediato, dándome la espalda mientras se lleva el teléfono al oído—. Lo encontré. Lo tengo. Les estoy enviando la ubicación satelital en este mismo instante. Muevan las unidades mecánicas hacia el norte.
—¿Qué? No... No pueden llevárselo así —exclamo, interviniendo y colocándome entr