Capítulo 22
La culpa vuelve como una perra rabiosa a instalarse en mi estómago. Saco el teléfono del bolsillo, compruebo que son las diez y media de la mañana y, sin darle más vueltas, marco su número. El tono de llamada no suena más de una vez antes de que ella responda.
—¿Cassie?
—Hola, Fran... —Mi voz suena terriblemente insegura, incluso para mis propios oídos.
—Pensé que te habías olvidado de mí otra vez —dice, y noto el rastro de la tristeza en su tono.
Hago una mueca de dolor frente