Cuando amaneció en la mansión Ferragamo, cada uno de los Alfas se enfocó en lo suyo, ellos eran los engranes de una gran y perfecta máquina que maneja el gigantesco imperio de la familia, Bruno, se tomaba un par de analgésicos para calmar la resaca que traía, mientras que Mariano, hacía unos ajustes importantes, el tenía algo pendiente que iba a solucionar sin esperar más
— ¿Me llamó, Alfa? — entró al despacho el delta Raymundo, preguntando, con él venía su hijo, el joven delta Ramses, los demás