Nadie toca a mi cachorrito
Bruno atrapó los rojos labios de Rafaela en los suyos, volver a tenerla entre sus brazos la noche anterior, no había calmado sus ansias por tenerla de nuevo, solamente había avivado si intenso deseo por ella

El Alfa recorrió el asiento del auto hacia atrás y sentó a su luna a horcajadas sobre el

¡Bruno! ¿qué haces? estamos estacionados afuera de la mansión Almanza, ¿qué tal si nos ven?. - Rafaela susurraba apenas, las caricias del lobo la tenían en éxtasis

No me importa, eres mi luna y me quiero
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