El Alfa se sentía culpable aún sin haber hecho nada para ofender a la furiosa osa, esa visita él no la había planeado, ahora se encontraba dando explicaciones que nunca en su vida había dado, él era el Alfa y los Alfas no mentían, ¿por qué la bendita mujer no le creía?
¡Cecil, ya te e dicho que yo no la llamé! ¡debes creerme! más bien explícame, ¿por qué diablos te fuiste de la casa de huéspedes y me dejaste abandonado?. - ahora el Alfa le volteaba las cosas
¿No es obvio? ¡por que a pesar de hab