La primavera de 2059 se desplegó sobre el fiordo con una belleza que parecía bendecir cada nuevo comienzo.
Elin crecía día a día, y con ella, la certeza de que algo especial la acompañaba. Desde sus primeros meses, sus ojos seguían movimientos que nadie más veía, y su sonrisa se iluminaba cuando alguien mencionaba a los que ya no estaban.
—Es como Lena —decía Alina, maravillada—. Pero diferente. Más... antigua.
—Tiene muchas vidas detrás —respondía Lena, con esa calma que la caracterizaba—. Muc