El invierno de 2059 fue el más tranquilo que la familia recordaba.
Las tormentas respetaron la cabaña, la nieve cayó en su justa medida, y el fiordo permaneció helado pero accesible. Era como si incluso la naturaleza quisiera darles un respiro después de tantos cambios.
Elin crecía con una rapidez que asombraba a todos. A sus nueve meses, ya gateaba con determinación, señalaba hacia rincones vacíos con una sonrisa cómplice, y balbuceaba palabras que sonaban a nombres antiguos.
—Dice "Lena" —obs