El invierno de 2044 llegó con una crudeza que no recordaba.
No era solo el frío, que siempre estaba. Era algo más. Una quietud profunda, como si el mundo entero estuviera conteniendo el aliento. Las tormentas se sucedían sin pausa, enterrando la cabaña bajo capas de nieve que apenas podíamos despejar. Los caminos quedaron intransitables. Las comunicaciones, reducidas a lo esencial.
Lena y yo pasábamos los días junto al fuego, leyendo, recordando, a veces simplemente estando. El silencio entre n