El invierno llegó con una suavidad inusual.
Las primeras nevadas cubrieron el fiordo como una manta, pero el frío no mordía con la crueldad de otros años. Era como si incluso el clima hubiera decidido ser amable con nosotros, como si después de tantas tormentas, mereciéramos una tregua.
Lena y yo lo notábamos todo de manera diferente desde aquella travesía. Los colores eran más vivos, los sonidos más nítidos, el silencio más profundo. Pero no era un silencio vacío. Estaba lleno de presencias, d