CAPÍTULO 198: LA SALA DE ESPECÍMENES
El análisis fue un proceso de desmontaje. No de dolor, sino de desapego. Como si me estuvieran quitando capas de una cebolla infinita, cada una un recuerdo, una sensación, un miedo. El haz de luz blanca trabajaba de manera metódica, yendo y viniendo entre Lena y yo, catalogando. Veía los momentos pasar, no con emoción, sino como un observador externo: la textura de la primera cama que tuve, el sabor metálico del miedo en la boca cuando me acorralaron en un callejón siendo un crío, el olor a perf