El cuerpo de Packer se deslizó fuera del árbol con un sonido húmedo y chirriante, como raíces siendo arrancadas. Cayó de rodillas al suelo, jadeando ese aire corrupto y vibrante. Su ropa, la misma chaqueta de lujo del claro, estaba desgarrada y empapada en el líquido negro que ahora entendí no era savia, sino sangre de realidad mutada. Pero era él. Inconfundible. Y sin embargo, no lo era.
Sus ojos, fijos en mí, eran ventanas al vacío azul eléctrico. No había inteligencia humana en ellos, solo u