PUNTO DE VISTA DE KIRA
El invierno cerró su puño alrededor de la Ciudadela, pero fue un puño de silencio expectante, no de amenaza. La nieve cayó espesa y blanda, amortiguando los sonidos, aislando a cada chimenea en su propio halo de calor. El reino funcionaba con la suave inercia de un mecanismo bien engrasado: los silos estaban llenos, la leña apilada, los conflictos menores resueltos por los Guardianes locales. Era una paz profunda, casi hibernal.
Pero en el corazón de piedra de la fortaleza, una tormenta silenciosa rugía.
La partida de Loe había dejado un agujero con forma de hijo. Un espacio que no se podía llenar con informes o cartas, que solo crecía con cada día de su ausencia. Jason lo llevaba con una estoicidad tensa, hundiéndose en el trabajo de consolidar los logros del Tejido, revisando cada contrato, cada informe de cosecha, como si el rigor pudiera construir un muro contra la preocupación. Yo no tenía ese lujo. Mi instinto, el viejo instinto de la loba, no entendía de