La tarde avanzaba lentamente como si el universo conspirara para que Gabriel no sospechara lo que lo esperaba en casa. Había pasado el día entero en reuniones, atendiendo pacientes, tratando de mantener su mente alejada del torbellino familiar que lo había estado asfixiando los últimos días.
Además, no sabía nada de Leonor y Clara desde el día en que se llevaron al gatito a casa. Tenía una cierta curiosidad por saber de ellas y como seguía Clara con su padecimiento. Se abstuvo de ir a por ella