Fiorina sostuvo la mirada de Adriano. Pero no respondió.
Stefano habló entonces, y su voz fue más baja, más cortante:
—¿Estás satisfecha?
Lucrecia no pudo contenerse.
—Mi hija está en una cama de hospital —dijo la señora—. ¿Era esto lo que querías? ¿Quitarle todo? ¡Seguro has tenido que ver! ¡Salió a tomar dejando una nota en su habitación! ¡Todo por tu culpa!
Cada frase fue un golpe a Fiorina. Ellos no tenían idea que ella era su familia, no podía culparlos del todo… Pero… ¿Era ne