209. MI PENITENCIA
NARRADORA
Loran comenzó a cerrar la puerta, viendo por última vez la escena tan deplorable.
No importaban los pecados de esta mujer, la tortura a la que fue sometida desde que la trajeron al castillo, había sido cruel e implacable.
Solo por ser delatada como una Lupina, la abominación de la raza, el “desperfecto”.
Él mismo, en el acto, ajustició a los dos soldados que cumplieron las órdenes, llenos de saña y sin nada de misericordia.
Sin embargo, sabía muy bien que los verdaderos culpables aún