17. LAS RAREZAS DE MI CACHORRA
NATHAN
Nadie habló mientras el ascensor personal de la dirección comenzó a descender.
Admitía que moría por interrogarla, preguntar todas las dudas en mi mente, pero no sería yo quien pareciera desesperado.
Llegamos al estacionamiento subterráneo y caminé hasta mi auto, porque vine hasta sin mi chofer.
Seguido siempre por su presencia, aunque toda la situación se había tornado un poco incómoda.
Creo que hubiese sido mejor no adelantarme y venir con Juliana.
Al final, nunca puedo p