146. DEJANDO ENTRAR AL ENEMIGO
MÓNICA
Llegué directo a mi apartamentico, dejando las llaves y el bolso en el recibidor.
Eso de que tenía que cuidar a Scarlett era una mentira del tamaño de un rascacielos. Ella sigue en sus vacaciones de niña pija.
La suave luz cálida se prendió automáticamente y caminé hasta la salita con unas magníficas vistas a la ciudad de noche.
—Mi querida Trinity, sabía que pegarme a ese culaso tuyo me iba a dar buenos resultados —murmuré burlona.
Luego pensé en que mi amiga no era la única con un