145. EXMATE TÓXICO A LA VISTA
MÓNICA
Abro la boca, no sé qué decir. Él tampoco espera.
Al final, vuelve a cerrar la puerta del auto para marcharse, con un caminar extraño.
Me quedo observándolo hasta que llega a la entrada del hotel y se gira. Se detiene ahí, de pie, solo mirándome.
Las ganas locas que tengo de decirle que regrese casi me ahogan.
Suspiro derrotada, acomodo un poco mi ropa y enciendo el motor para alejarme de mi adorado tormento.
Paso por delante de la acera donde espera a que me marche, y lo observo po