135. ¿NO ME MANDASTE A DESVESTIRME?
MÓNICA
—Por favor, muéstreme su brazo para tomarle una muestra de sangre y ponerle el suero —me inclino un poco sobre él, concentrándome en mi trabajo.
Extiende el brazo tosco y fuerte.
Le paso la liga, que casi no le da vuelta a esos bíceps.
Siento un olor a deliciosa colonia cosquilleando en mi nariz, sutil, pero ahí está. Deben ser sus feromonas.
Aunque apenas tengo el olfato que verdaderamente tendría si contara aún con mi loba.
—Apriete el puño y ábralo —le pido, y obvio el hecho de que to