Cuando Liesel despertó a la mañana siguiente, tenía el cuerpo todo dolorido, y su piel aún llevaba las marcas de la pasión, el interior de sus muslos estaba rojo por el roce de su barba, pero nunca antes se sintió tan feliz, podía morir en ese preciso momento y se iría con una sonrisa en los labios.
Recuerdos de los besos, caricias y piernas entrelazadas invadieron su mente, y su cuerpo se estremeció al recordar lo sucedido y se ruborizó cuando una oleada de pasión inundó todo su ser. Así que