Vanessa sale totalmente de la casa de Xavier, su mente es un torbellino y su cuerpo se estremece por todo ese mismo mar de emociones, pero sorprendentemente, logra mantener la entereza necesaria para llegar a su auto. Con manos temblorosas, abre la puerta y se sienta al volante. Tomando una respiración profunda, trata de calmarse, pero la presión en su pecho se torna cada vez mayor. Encendiendo el motor, pone el coche en marcha y comienza a conducir, sus pensamientos mezclados en una cacofonía