Al llegar a su departamento el reloj marca ya pasada de las ocho de la noche. Vanessa cierra la puerta tras de sí dejando escapar un pesado suspiro de cansancio. El día de trabajo ha sido más largo y ajetreado de lo que había esperado, y cada músculo de su cuerpo lo siente.
Ha pasado un mes desde el fallido día de la boda, y aunque la vida y ella misma han vuelto a la rutina normal, las emociones siguen a flor de piel. Ese día después de volver de la casa del abuelo del Emil y tras hablar con I