Vanessa se encuentra sentada frente al escritorio del gerente del banco, sus manos entrelazadas sobre su regazo en un intento casi vano de controlar su nerviosismo. El gerente, un hombre de mediana edad la observa brevemente desde detrás con sus gafas con una expresión profesional pero compasiva. Después de eso, vuelve a revisar los documentos frente a él. El tic-tac del reloj de pared es el único sonido en la habitación que la pelinegra puede captar.
—Señorita Iacobescu—comienza el gerente, le