Fabiano y el viejo salieron hacia el ascensor, pero cuando estaban por entrar, escucharon una voz masculina que los detuvo.
—¿A dónde creen que van?—les preguntó Vicent.
El viejo se giró y sonrió al ver a su hijo mayor tomado de la mano de su esposa.
—No. Ya no pertenezco a esta nómina, así que no me jodas. Además, por tu culpa tengo miel en las bolas. Así que adiós. —El viejo Santoro entró al ascensor y se giró hacia su nuera —Meli te espero para cenar, tenemos que celebrar tu nombramiento.
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