Mientras tanto, en la mansión Santoro...
El Roll Royce entró por el gran portón. Albert se acercó para recibir a sus patrones. Fabiano salió y caminó hacia él con una sonrisa perversa en su rostro.
El viejo Santoro estaba inmóvil en su puesto, sabía muy bien que le esperaba una ronda de bromas y burlas. Él observó, a través del espejo a su hijo, susurrarle algo al mayordomo al oído e inmediatamente los dos comenzaron a reír.
Los dos se pararon frente al auto, era evidente que no querían perders