Todas las mujeres se quedaron sorprendidas. Ninguna había escuchado nada sobre el matrimonio de su jefe. Pero era evidente quién llevaba los pantalones en esta relación.
Para ellas era muy agradable ver al magnate engreído, rendido a los pies de su dulce esposa.
Vicent miraba de reojo a Melissa y muchos corazones salían de sus ojos. Mientras, ella permanecía inmune a su intensa mirada y a las sutiles caricias en su mano.
Melissa les brindó una cálida sonrisa a sus empleadas