Vicent, con cada paso que daba hacia la mesa, sentía su corazón oprimido. Además de un calor insoportable que podía comparar con acercarse a las puertas del infierno. Uno dónde estaba una hermosa y sensual diabla lista para freírlo en aceite caliente.
—Buenos días, amor. Te estaba esperando —le dijo Gretta, limpiándose la comisura de sus labios, lista para levantarse y correr a sus brazos. Pero Vicent no estaba preparado para morir. Entonces interrumpió las palabras de la hermosa mujer y se afe