Una dolorosa verdad.
Claudia, todo es culpa mía. No odies a tu papá y no lo culpes, yo lo traicioné y te tuve con otro hombre. Él no es tu padre biológico.
En ese momento, Claudia se derrumbó en el suelo. Las manos que sostenían la carta le temblaban mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. La vista se le nubló y no pudo seguir leyendo la carta.
«¿Por qué mi vida es tan triste? No tengo yo derecho a sonreír un poco, aunque sea por unas horas. ¿No puedo creer que el hombre con el que he vivido toda mi vida no e