37| Bastian.
Había pasado una larga hora. Alexander seguía recostado en la pared. El frío comenzaba a colarse en sus huesos; a pesar de su constitución física, la celda estaba congelada. Ni siquiera el rayo de sol que entraba por el agujero en el techo le ayudaba a calentarse.
Se puso de pie y comenzó a moverse por el lugar, tratando de entrar en calor. Tal vez si se transformaba en lobo podría soportar un poco más la inclemencia del clima, pero el transformista que estaba al otro lado de la puerta tal vez