El estómago de Liam se contrae. Lo siente, esa mezcla de rabia, miedo y una especie de alarma interna que le indica que ahí, con ese hombre, nada es casual. –No vas a separarnos –dice al fin, con una firmeza que no admite réplica.
Carlos levanta una ceja, divertido.
–No necesito separarlos yo –responde, como si la idea le aburriera. – Ella lo va a hacer. Con una precisión que no te imaginás. Kate tiene algo que ustedes dos no: tiempo, disciplina y ausencia total de moral. Va a lastimarte. Va a