Los vehículos se detienen al borde del bosque. No hay caminos marcados, solo una estrecha picada que desaparece entre árboles densos y húmedos por la niebla. El GPS emite un leve pitido. Coordenadas confirmadas: última señal registrada. Todos lo miran en silencio. Nadie dice lo que ya sospechan.
Carlota se baja primero. Sus botas crujen sobre el suelo húmedo y cubierto de ramas secas. Mira alrededor con el ceño fruncido. Su mano descansa firme sobre el arma. El resto del escuadrón la sigue en f