La humedad del bosque lo envuelve todo como una segunda piel, pegajosa e implacable. El silencio es casi antinatural, denso, cargado de una tensión que se respira. Solo el crujido de las hojas secas bajo las botas tácticas rompe la calma. El escuadrón avanza en formación, con movimientos precisos, calculados, entrenados para no dejar margen de error. Nadie habla. Solo se oyen los sonidos mínimos del avance: ramas que se quiebran bajo el peso del equipo, el susurro del viento filtrándose entre l