–Cinco kilómetros… cinco malditos kilómetros más y estarás en mis brazos, mi amor –susurra Liam con la voz rasgada por la ansiedad, apretando entre sus dedos una fotografía de Amara, arrugada en las esquinas, pero intacta en el centro, donde ella sonríe con inocencia. Sus ojos no dejan de observarla como si fuera su brújula. Se la guarda con cuidado en el pecho, como si ese trozo de papel fuera un talismán. Luego, respira hondo y su voz se convierte en promesa. – Te lo juro por lo más sagrado,