Se levanta lentamente, con movimientos calculados, como una fiera que mide a su presa. Camina hacia él con pasos lentos, felinos, marcando un compás de amenaza.
Liam no retrocede, pero sus ojos se endurecen. La tensión entre ambos se convierte en un campo minado: basta una palabra mal dicha para detonar la explosión.
Kate se detiene a un metro de distancia, tan cerca que Liam puede sentir el calor de su respiración, tan lejos que aún queda espacio para la mentira. Sus ojos lo miran fijos, hur