La mañana no llega con suavidad, sino con ese tipo de claridad implacable que no da tregua, como si el día se impusiera sobre todo lo que quedó inconcluso en la noche, como si la luz no viniera a iluminar sino a exponer, y Liam lo siente incluso antes de abrir los ojos, en la tensión acumulada en su cuerpo, en la forma en que su mente retoma exactamente el mismo punto en el que se había detenido horas atrás, como si no hubiera habido descanso real, como si cada pensamiento hubiera permanecido