–Yo me encargo de Liam –dice Jen, separándose apenas lo suficiente como para mirarlo de frente, aunque sus manos permanecen apoyadas sobre el pecho de Jean Pol, como si ese contacto no fuera solo físico, sino una forma de afirmar dominio, de sellar una intención que no admite retrocesos. – Voy a acercarme a él… poco a poco.
Jean Pol no responde de inmediato. No lo necesita. La observa con una atención distinta, más penetrante, como si no estuviera evaluando únicamente las palabras que ella pron