El día siguiente no trae alivio, sino una confirmación que cae con el peso de lo irreversible, porque cuando el documento final llega a manos de Liam y el sello oficial convierte en definitivo lo que hasta hace poco aún parecía negociable, el aire mismo parece cambiar de densidad, como si el mundo, en un gesto silencioso pero contundente, le recordara que hay decisiones que no admiten vuelta atrás, que hay errores que dejan cicatrices incluso cuando se intentan corregir, y aun así, en medio de