Al día siguiente amanece gris, con un cielo bajo que parece aplastar la ciudad y acompañar el peso que Liam lleva en el pecho desde que salió de la casa dando un portazo, dejando atrás a Amara rota, llorando, sola entre las paredes que todavía conservan el eco de una discusión que ninguno de los dos supo cerrar. No durmió casi nada. Pasó la noche dando vueltas, repasando cada frase dicha, cada acusación lanzada con rabia, preguntándose en qué punto el amor empezó a mezclarse con el miedo, cuánd