La amenaza de Kate reverbera en la cabeza de Amara como un eco putrefacto: Si Liam muere, te haré padecer todo el daño del mundo. Lento. Metódico. Esa sentencia, que antes era veneno frío, se convierte ahora en un carbón encendido que le ilumina la furia. Aprieta los dientes hasta que le duelen las muelas; sus ojos, fijos en el cuerpo de Liam a través del vidrio, adquieren la dureza de una promesa de guerra.
–No la dejaré ganar –se dice en voz baja, como si de esa conjura dependiera la vida mi