Liam se aferra con uñas y dientes a su fachada de indiferencia. –Estoy con ella por el dinero –responde, y su voz suena tan fría y distante que podría congelar el aire entre ellos. La mentira resuena en sus oídos, pero se aferra a ella como un salvavidas, temeroso de lo que sucedería si admitiera la verdad.
Pero Aislyn no es tonta. La conoce demasiado bien como para no ver a través de esa fachada de hielo. –¿Estás seguro? –pregunta, con la calma de alguien que sabe exactamente cómo hurgar en